La Gracia proviene de manos y corazones llenos de amor

El don de la gracia divina llega a menudo a mi vida a través de la presencia de mis familiares o amigos, quienes de alguna manera saben qué decir o cómo ayudar. Siento la presencia de Dios a través de la bondad de sus palabras y mediante el trabajo de sus manos.

Del mismo modo, sé que otros pueden experimentar la gracia de Dios a través de mí. Saber esto me impulsa a ayudar y servir de formas hábiles. Me visualizo a mí mismo como un canal divino a través del cual la gracia se manifiesta en la tierra.

La gracia es el regalo de Dios para mí. Este don de Dios a través de mí bendice a todos en su camino.

«Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios. 1 Pedro 4:10.»

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