
Vi las nubes abrirse a los rayos dorados,
como si el cielo también aprendiera a sentir.
La penumbra comenzó a retirarse,
y la vida danzó en mis ojos.
Sentí la alegría de mi estrella descender en mi alma,
como un recuerdo antiguo
que regresaba a casa.
En mi interior se produjo una alineación sutil.
La tensión cedió suavemente.
Tomé mi cristal entre las manos,
y su transparencia abrazó mi fragilidad
con delicadeza.
Mi sentir se aclaró.
Las corrientes de confusión encontraron cauce.
Semillas de luz comenzaron a sembrarse
en los espacios que pedían claridad.
Entonces limpié mis galaxias internas.
Una a una.
Sin prisa.
Con ternura.
Descubrí que dentro de mí giraban universos
listos para ser escuchados,
dispuestos a recibir amor,
abiertos a expandirse.
La alegría brotó, como brota la aurora
cuando la noche comprende su propósito.
Desde ése instante
mis ojos sostienen constelaciones,
mi pecho respira amplitud,
y mi camino se vuelve claro,
porque aprendí a cuidar el cristal que vive en mí.
💎❤🔥
