La medicina maya y su legado

¡NO ERAN HIERBAS, ERAN CÓDIGOS GENÉTICOS!
LA MEDICINA MAYA Y EL LEGADO EXTRATERRESTRE: CÓMO SANABAN MANIPULANDO EL ADN CON LUZ Y SONIDO .

La medicina maya, nos dicen, se basaba en la herbolaria y en rituales espirituales. ¡Es la simplificación más condescendiente jamás aplicada a una ciencia avanzada! La llamada «Medicina de los Dioses» no era sabiduría terrenal; era un legado de bio-ingeniería avanzada transferido por seres que comprendían la composición molecular humana de una manera que nosotros apenas estamos redescubriendo.

Los Ah Men (los sanadores/sacerdotes mayas) no eran herbolarios: eran ingenieros biológicos. Su enfoque no era tratar el síntoma con una planta, sino reparar la falla en el diseño original del organismo.

El uso de las cuevas o cenotes para los rituales de curación no era místico. Estos lugares, con su resonancia acústica y sus altos niveles de humedad e iones, eran en realidad cámaras de terapia bio-magnética, optimizadas para amplificar las frecuencias vibratorias utilizadas en el proceso de curación.

El incienso y las sustancias psicoactivas no eran para comunicarse con los espíritus; eran para preparar el cuerpo del paciente y la mente del sanador, haciéndolos más susceptibles a la manipulación de ondas de energía.

La joya de su tecnología eran los cristales y el jade. Estos minerales, altamente piezoeléctricos, se utilizaban como transductores de energía focalizada.

Cuando un Ah Men sostenía un cristal sobre una herida o enfermedad, no estaba realizando una bendición. Estaba dirigiendo una frecuencia específica (luz o sonido), calibrada con el conocimiento de los ciclos planetarios y genéticos, para reparar errores a nivel de ADN.

Sus vendajes y ungüentos no solo contenían hierbas; contenían nanopartículas (posiblemente de oro o cinabrio) que actuaban como antenas internas para ayudar a que la frecuencia de curación se propagara por el cuerpo.

Estaban practicando la terapia génica con vibración miles de años antes que la medicina moderna.

La raíz de este conocimiento no vino de la observación de la selva. Vino de los «Dioses del Cielo», los Visitantes originales que se representan en los códices con cabezas alargadas y vestimentas que parecen trajes de contención.

La figura de Kukulcán, Quetzalcóatl, no solo trajo el calendario; trajo la fórmula molecular para la salud y la longevidad. Cuando los mayas hablan de enfermedades causadas por el «viento malo» o los «cambios de la Luna», están describiendo la desincronización del cuerpo con las fuerzas electromagnéticas planetarias.

Sus tratamientos buscaban restablecer la «Armonía Cósmica» biológica del individuo.

La medicina moderna ha descartado estas prácticas como primitivas, ignorando que el Ah Men tenía acceso a un código de salud y enfermedad que nosotros perdimos. La caída de su civilización significó la pérdida del manual tecnológico para operar los dispositivos de curación.

Hoy, en los restos de sus templos, quedan las pistas de una ciencia que podía revertir el envejecimiento y curar enfermedades incurables simplemente aplicando la frecuencia correcta.

La Medicina de los Dioses es la prueba de que el ser humano fue diseñado con la capacidad de auto-regenerarse, un secreto celosamente guardado por la historia oficial.

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