La vida te devuelve lo que agradeces

Imagina que cada día es un lienzo en blanco y que el pincel que lo colorea es tu capacidad de agradecer. Hay quienes caminan por la vida creyendo que nada es suficiente, sumidos en un hambre interminable. Pero hay otros que, al detenerse un instante, descubren un tesoro en las cosas más sencillas: el susurro del viento en la cara, el café caliente en la mañana, la mano amiga que te rescata del abismo.

El agradecimiento no es solo un acto educado, es un portal. Cuando dices “gracias” desde el fondo del pecho, algo se desbloquea en el universo y dentro de ti. Dejas de ser mendigo de amor y éxito y te conviertes en creador. La vida empieza a devolverte lo que celebras. Las bendiciones no se multiplican porque seas afortunado, sino porque tu mirada las fecunda.

Hay un arte en agradecer lo que duele. Es mirar al pasado, a esas heridas que te hicieron más compasivo, y decirles: “sin ustedes, no habría aprendido a amar así”. Es aceptar las pérdidas como maestros silenciosos que tallan la forma de tu alma. La gratitud no niega el dolor; lo transforma en combustible para la empatía.

Agradecer no es resignarse, es elegir ver el milagro escondido en lo cotidiano. Una conversación sincera, un abrazo inesperado, el simple hecho de poder respirar. Cuando entrenas tu mente para notar estos milagros, reprogramas el miedo, la ansiedad y el resentimiento. Tu cerebro se vuelve un jardín donde florecen nuevas posibilidades.

Y es que la gratitud es contagiosa. Cuando reconoces lo bueno, inspiras a otros a hacerlo también. Creas un efecto dominó de bondad. La sonrisa que compartes hoy podría ser la chispa que encienda la esperanza de alguien al borde de la rendición.

Quien practica el agradecimiento no huye de la oscuridad: aprende a encender velas. Comprende que nada está garantizado, pero todo es un regalo. Así, camina ligero, dejando huellas que invitan a otros a mirar el mundo con ojos renovados.

Hay un poder inmenso en decir “gracias” incluso antes de recibir. Como quien siembra con fe, sabiendo que la cosecha se está preparando bajo tierra, invisible pero inevitable. Porque la vida escucha a quien la bendice. Y al final, la verdadera abundancia no consiste en poseer más, sino en ver más.

Que nunca nos falte valor para agradecer lo que ya somos, ni humildad para reconocer lo que aún necesitamos aprender. Porque al hacerlo, abrimos la puerta a un amor más grande que nosotros mismos. Uno que transforma, une y eleva. Uno que nos recuerda, sin palabras, que todo lo bueno empieza en un corazón capaz de decir: GRACIAS.

Oración para la noche


Amado Dios, uno de los momentos más satisfactorios de cada día es cuando llega la noche y yo busco un espacio de paz y tranquilidad para hablar contigo y darte gracias por tu guía, por tus cuidados y por tu amor incondicional.

Gracias Señor por cada instante que viví en el transcurso de esta jornada, por los alimentos que Tú me concediste, por las personas con las que compartí, por las tareas que realicé y por todas las veces que Tú me protegiste de peligros y situaciones de las cuales yo ni siquiera me alcancé a enterar.

Qué hermoso es poder vivir en la inmensa seguridad que solo se encuentra bajo tu custodia y tu compañía.

Padre celestial, en esta noche quiero depositarme completamente en Ti y pedirte que por favor bendigas mi vida, mi hogar y a mi amada familia. Te suplico que hagas de nuestra casa tu lugar protegido en donde no pueda entrar el mal, el peligro, la enfermedad, ni nada que nos pueda dañar.

Te pido también para que los médicos, los enfermeros, el personal de seguridad y todas aquellas personas que realizan labores nocturnas se puedan sentir vigilados y apoyados en Ti.

Gracias Señor amado por escuchar mi oración y por tantas cosas maravillosas que Tú siempre haces por mí y por todos mis seres queridos.

Pongo esta noche en tus manos: por favor permítenos la dicha de descansar bajo el cálido abrigo de tu manto, concédenos unos sueños placenteros y ayúdanos para que mañana podamos despertar recargados de fe, esperanza y alegría para seguir viviendo en la misión que Tú tienes especialmente para cada uno de nosotros.

Amado Dios, en esta noche me acostaré en paz y dormiré feliz y confiado, porque Tú estás conmigo y tu presencia llena mi vida de paz,  bendición y esperanza, Amén.

Bombea y suelta


Tus pensamientos tienen mucho que ver con tu prosperidad y, a veces, la manera de acabar con un patrón es gastando dinero. Ha habido veces en las que todo andaba mal y decidí salir y comprarme un traje caro, en plena caída en barrena. Fue tal el efecto de subirme la moral que causó en mí el hecho de ponerme ese traje, que toda mi mente se elevó. Lo siguiente que ocurrió fue que el dinero volvió a fluir.

Es cuestión de bombear, de sacar el jugo. Tienes que soltar algo de ti mismo porque padeces estancamiento mental. Ese es el secreto de prosperidad.

Como he mencionado, la razón de que la prosperidad no fluya a la vida de las personas es que han dejado de dar. No importa cuánta agua haya en la tubería. Tal vez tengas solo un chorrito, pero si no hay nada que la detenga, puedes conseguir que el agua fluya.

Por eso bombear es tan valioso. Por eso una mujer puede salir a comprarse un vestido nuevo. A veces puede también comprarse una joya cara. El efecto de subirle la moral que le producirá y el hecho de poner el dinero en movimiento harán que la provisión arranque de nuevo.

Debes comprender cómo trabajar con las leyes de la abundancia. No solo las activas por medio de la oración y el pensamiento correcto; también lo haces al percatarte de que la ley del estancamiento no es buena para tu vida cuando se trata de tu provisión.

Del libro Atrae Abundancia, por Elizabeth Clare Prophet & Mark L. Prophet)

El poder del YO SOY

Hay una fuerza invisible que escucha lo que no dices y te entrega lo que en secreto crees merecer. No importa cuánto reces con los labios si por dentro repites que no es posible, que no puedes, que no es para ti. El universo no responde a tus palabras: responde a tu vibración.

Cada pensamiento es una orden. Cada emoción sostenida, una semilla sembrada en el campo fértil de la vida. Y tú, sin saberlo, has creado más de lo que imaginas… incluso lo que más temes. Porque donde pones tu atención, pones tu energía. Y donde pones tu energía, das vida.

No estás aquí para sufrir ni para arrastrarte buscando limosnas del destino. Estás aquí para recordar que fuiste hecho a imagen de un poder creador, y que ese poder no está lejos, ni en el cielo, ni en templos sagrados. Vive en ti. Habla a través de ese susurro que te dice que hay algo más, que puedes más, que eres más.

Cuando dices “Yo Soy”, no estás hablando de ti como persona, sino de esa chispa eterna que te habita. Cada vez que declaras «Yo Soy pobre», «Yo Soy débil», “Yo Soy un fracaso”, le estás dando forma a una realidad que terminará obedeciéndote. No porque la vida sea cruel, sino porque es fiel. Fiel a tu palabra, a tu creencia, a tu tono interno.

La buena noticia es que puedes elegir de nuevo. Puedes declarar “Yo Soy luz”, “Yo Soy abundancia”, “Yo Soy salud”, no como un juego de palabras, sino como un acto de fe interior. El cambio empieza en silencio, cuando dejas de rogar y comienzas a asumir.

La mente no fue hecha para adorar el drama, ni para repetir tragedias disfrazadas de verdades. Fue hecha para crear belleza, ordenar el caos y dirigir la energía hacia lo que eleva. Pero nadie nos enseña esto, porque es más fácil manipular a quien ha olvidado que tiene el poder de transformar.

No se trata de negar la realidad, sino de reconocer que tienes el derecho de diseñar otra. Cada vez que eliges la gratitud en lugar de la queja, la calma en lugar del juicio, el perdón en lugar de la culpa, estás entrenando tu alma a volver a casa. A recordar lo que siempre fue tuyo.

No eres un accidente. Eres una intención consciente del universo. Y hasta el día en que decidas asumirlo, la vida te seguirá repitiendo la misma lección, con diferentes disfraces.

Comparte esto con quien aún no ha recordado que tiene permiso para cambiar su mundo, desde adentro.