
Tendemos a buscar la aprobación de los demás, complacer a otros para ser aceptado.
Aunque la autenticidad y lo diferente aún no tengan la visibilidad requerida, es importante aprender a dejar de compararse.
No podemos pretender tener unas piernas más delgadas si por nuestra constitución las nuestras son más bien gruesas.
Evitemos pretender ser lo que no somos, ni consideremos cierto ese canon de belleza que, en realidad, a lo largo del tiempo se ha visto bastante modificado.
Solo tenemos que ver a épocas pasadas cómo eran las personas de la época y el ideal de belleza que entonces se consideraba. ¿De verdad aún no hemos aprendido a no dejarnos llevar por esto?
¿Verdad que nos llama la atención aquella persona a la que no le importa ser como es? Así, única, es como más destaca y no le importa ser rechazada, pues su autenticidad atrae a gente que merece la pena.
Compararnos con los demás es algo dañino para nuestra autoestima que creerá que no somos suficientes, iguales, válidos.
Es una manera gratuita de hacernos daño y de no ser felices. Sin embargo, merecemos disfrutar de la vida sin detenernos ante estas cuestiones meramente estéticas.
Hacer las paces con nosotros mismos no solo tiene que ver con lo superficial, sino con todas las creencias que también nos rondan y muchas de las cuales se han instalado muy fuerte en nuestra mente.
Por ejemplo, esa tendencia a no decir “no” porque debemos ser amables con los demás o el hecho de considerar que el amor implica sufrir son falsas.
Falacias que nos sumergen en relaciones dañinas y que nos hacen vivir situaciones en las que no nos sentimos efecto a gusto. Pero es lo que nos enseñaron y a lo que le hemos dado una credibilidad increíble.
Es importante aprender a cuestionárnoslo todo y a abrir los ojos ante la verdadera realidad, no ante aquella que otros quieren idealizar y presentar. Así, es posible hacer las paces con nuestro verdadero yo, deshaciendo todo lo que veníamos creyendo cierto y que nos ha hecho la vida difícil.
motivando.tu.alma21
